Apenas ayer mi familia comenzó a hacer planes para el siguiente fin de semana, todos emocionados diciendo a que hora tendríamos que salir de casa, cuánto tiempo nos llevaría llegar a nuestro destino, si desayunabamos antes o hasta llegar allá y yo solamente escuchaba sin opinar y no es que no me guste la idea de salir sobre todo con mi familia, pero no quiero ir a donde ellos desean ir.... a un balneario :( cuestión que no me gusta, me pone de malas y de nervios.
Todo comenzó hace ya algunos años y que fué la primera vez que visitaba un balneario, yo iba feliz con mi trajecito de baño, ese día recuerdo que mi hermano y yo nos levatamos muy temprano porque preparamos muchos emparedados de jamón con queso, llevamos nuestra botellota de agua de limón para ir tomando en el camino, cargamos con nuestra toalla y mi hermana mayor se encargó de nosotros dos (los peques) pues solo iriamos los tres, ella con su beca de la escuela compró los boletos de autobus y algunos cuantos dulcecitos para el camino, en fin, llegamos a nuestro destino y ¡oh sorpresa!, estabamos tan maravillados por esa odisea que se nos hizo genial, yo no sabía nadar, así que lo que hacía era estar a la orilla de la alberca en donde pudiera detenerme con algo porque mis queridos hermanitos ya se había metido hasta el fondo del agua, recuerdo que mi miedo comenzó cuando escuché a lo lejos un ruido raro, era algo así como un motor, mi ojos buscaron el lugar de donde provenía el ruido hasta que caí en la cuenta de que era el motor que hacía que las famosas olas de la alberca comenzaran a salir, recuerdo como todos los peques corrian a la orilla para detenerse y yo me quedé paralizada agarrandome de la escalera, me dió miedo, sí señores MIEDO, nunca había ido a un balneario y por lógica no sabía que existían esas inmensas olas en ellas, mis hermanos comenzaron a buscarme y cuando me vieron solo comenzaron a reirse, total que cuando pude me salí de la alberca a remojar mis piecitos hasta que a mis fabulosos hermanos se les ocurrió la famosa idea de ir al tobogán, recuerdo que pensé, bueno es una resbaladilla no pasa nada y comenzamos a caminar en dirección a éste, llegar a la cima era lo difícil pero no importaba con tal de "aventarse" en el famoso tobogán, mi hermano se aventó primero supuestamente para recibirme abajo, el instructor me dijo, espera un momento pequeña, deja que tu hermano haya llegado abajo y así lo hice, cuando de repente mis manos se abrieron y se soltaron de la orilla del tubo que me encaminaría a uno de mis más grandes miedos, recuerdo que el agua me brincaba en la cara, no podía respirar y solo gritaba, cuando llegue al final y caí en el agua mi hermano no pudo ayudarme a salir enseguida ¡ME ESTABA AHOGANDO!, claro, ahora ellos dicen que fué mi culpa por no aprender a nadar, pero cuándo iba a hacerlo si mis padres no podían llevarme a un balneario, mucho menos al mar, ese ha sido uno de los días mas traumantes de mi existencia y aún no logro superarlo, he visitado el mar en diversas ocasiones, en realidad me encanta, pero le tengo mucho respeto pues prefiero quedarme solamente en la orilla...
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| Puerto Escondido, Oaxaca, México. |
Así que si algún día tu deseo es invitarme a vacacionar, te recomiendo me lleves a conocer Pueblos Mágicos o si quieres llevarme al mar, primero enseñame a nadar :)

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